dormir.
Oí el crujido de la cinta adhesiva, un cierre metálico y pasos que se alejaban hacia el vestidor.
Después regresó a la cama.
Cuando su respiración se volvió regular, abrí los ojos.
El paisaje del mar había quedado ligeramente inclinado.
Ya había recuperado el paquete.
La mañana del martes amaneció despejada.
Arturo se vistió cuidadosamente. Llevaba camisa blanca, pantalón oscuro y su mejor saco.
Yo escogí un vestido azul marino que utilizaba para los conciertos de mis alumnos.
Antes de salir, él me tomó de la cintura.
—Hoy empieza