Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

—Firma aquí para avanzar con el trámite.

Antes de que pudiera tocar la pluma, el asesor intervino.

—Primero necesitamos verificar unos datos. Todavía no podemos formalizar la compraventa.

Arturo frunció el ceño.

—¿Qué datos? Pensé que todo estaba listo.

—Es un procedimiento necesario.

Mi esposo guardó silencio.

Después revisó su celular.

Un mensaje apareció en la pantalla.

No alcancé a leerlo, pero vi cómo cambiaba su expresión.

—Voy a bajar un momento —anunció—. Tengo que encontrarme con alguien.

Tomó su bolsa de piel y salió.

Desde el segundo piso vi