de mí, abrazadas frente a nuestro pequeño estudio de música.
Me acerqué, enderecé el marco y sonreí.
Esta vez no había ningún secreto detrás.
Y comprendí que un hogar verdadero no es aquel donde alguien te promete quedarse para siempre, sino aquel donde puedes vivir sin miedo de descubrir quién es realmente la persona que duerme a tu lado.