completo que cada activo importante estaba protegido bajo fideicomisos privados e inalcanzables para oportunistas.
A las ocho de la noche, las notificaciones comenzaron a llegar en cadena a través del correo electrónico institucional de mi despacho contable. Diego había intentado rentar el vehículo cómodo que su madre exigía para la columna, pero la transacción fue declinada de inmediato por falta de fondos autorizados. Sin dinero en efectivo suficiente y con sus propias tarjetas al límite de su capacidad crediticia, no les quedó más remedio que abordar un autobús de pasajeros
El precio del desprecio