—Pensé que serían pocos años —dijo—. Después la sentencia fue mucho peor. Cuando quise arrepentirme, tú todavía eras una niña. Me convencí de que destruir a tu papá también te destruiría a ti.
Sentí rabia.
—Él te dejó durmiendo entre escombros.
Miguel cerró los ojos.
—No hagas nada por mí.
—No lo haré por ti. Lo haré por la verdad.
Cuando regresé a casa, mi padre me esperaba. Me preguntó dónde estaba. Mentí. Me dio una bofetada.
—Te prohibí acercarte a Miguel.
—¿Porque es un asesino?
—Sí.
Me reí.
Mi