todas mis contraseñas bancarias y limitar cualquier operación realizada mediante poder.
Lo hice inmediatamente.
Días después me llamó.
—Necesito verte.
Cuando llegué a su despacho había varias hojas sobre su escritorio.
—Revisé la situación financiera de Mauricio. Está prácticamente quebrado.
Un proyecto de inversión que manejaba había fracasado. Varios clientes reclamaban pérdidas enormes y Mauricio había firmado garantías personales para cubrir parte de las obligaciones.
Debía millones.
—¿Por qué nunca me dijo nada?
—Porque parece que prometió a algunos acreedores que pronto tendría acceso al patrimonio de su esposa.
Sentí