de nuestra cama.
—¡Yo no fui!
Ni siquiera había terminado de hablar.
—Yo nunca dije que hubieras sido tú.
Mauricio abrió la boca, pero no encontró respuesta.
Esa noche me fui a un hotel.
Dormí casi siete horas seguidas.
Por primera vez en meses desperté sin migraña.
Al día siguiente trabajé normalmente. Revisé transferencias por millones, detecté un cargo duplicado y dirigí una reunión sin olvidar una sola cifra.
Entonces comprendí algo aterrador:
mi mente funcionaba perfectamente.
El problema comenzaba cada vez que regresaba a casa.
Alejandro me recomendó cambiar