permiso?
—Estabas muy mal.
—¿Y quién decidió que estaba “muy mal”? ¿Tú?
Guardó silencio.
Saqué una de las copias de la conversación con Beatriz.
—“Solo necesitamos que ella crea que lo está.”
Mauricio palideció.
—¿De dónde sacaste eso?
—De tu computadora.
Su expresión cambió completamente.
La ternura desapareció.
Por primera vez vi al hombre que había estado escondido detrás del marido paciente.
—Yo tenía deudas —murmuró.
—Lo sé.
Levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Sé del proyecto fallido. Sé de las demandas. Sé lo que prometiste a tus acreedores.
Mauricio se recargó