Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

visto: vergüenza.

—¿Dónde está Martina? —preguntó.

—Le di la tarde libre. Esto lo estropeé yo solo.

Lucía dejó la maleta junto a la puerta.

—No tengo hambre.

—No voy a pedirte que te quedes. Solo quiero contarte la verdad.

Le mostró la nota de Pilar, los registros informáticos y la recomendación falsa. Lucía leyó todo sin alterar el gesto.

—Puedo hacer que cancelen el traslado —dijo él—. Pero no lo haré si tú no lo pides.

—No lo pido.

La respuesta le dolió, aunque asintió.

Álvaro confesó también lo de