Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

todavía conservaba como consejera del grupo. Podía denunciarla, detener el trámite y convertir la salida de Lucía en un escándalo. Durante 10 minutos tuvo el cursor sobre el informe que anularía el traslado.

Después entendió que hacerlo sería otra forma de decidir por ella.

Cuando Lucía regresó de su último vuelo nacional, encontró la mesa iluminada con 2 velas y una tortilla de patatas ligeramente quemada. No había músicos, joyas ni flores importadas. Álvaro estaba en la cocina, con la camisa remangada y una expresión que ella jamás le había