nada.
Porque algunas personas necesitan perder un hogar para aprender a cuidar otro; y algunas mujeres necesitan cruzar el océano para descubrir que nunca estuvieron huyendo: estaban regresando a sí mismas.
—¿Y Clara? —preguntó Lucía.
—Nunca fuimos pareja otra vez. Estábamos enamorados de quienes éramos antes de perderlo todo.
—¿Tu madre?
—Sigue pensando que la traicioné. Yo sigo pensando que por fin dejé de obedecerla.
Álvaro no preguntó si Lucía salía con alguien. Cuando ella miró el reloj, pagó el café y la acompañó hasta el taxi.
—Hay algo que