mereces saber —dijo antes de despedirse—. Cuando te fuiste pensé que te amaba porque tenía miedo de perderte. Con el tiempo entendí que perderte solo me obligó a mirar. Te amaba cuando dejabas café junto a mi ordenador, cuando discutías con las películas porque los aviones estaban mal hechos y cuando fingías no estar asustada antes de una tormenta. No te lo digo para recuperarte. Te lo digo porque nunca debiste pensar que te faltaba algo.
Lucía lo observó largo rato.
—No me faltaba nada —respondió—. A ti te faltaba