encendió la vela y le pidió que formulara un deseo. Lucía contempló la llama. Tiempo atrás habría deseado que Álvaro la eligiera. Ahora sabía que ninguna elección ajena debía valer más que la propia.
Sopló la vela sin pedir nada.
Porque algunas personas necesitan perder un hogar para aprender a cuidar otro; y algunas mujeres necesitan cruzar el océano para descubrir que nunca estuvieron huyendo: estaban regresando a sí mismas.