ENTREGUÉ A MI HIJA EN ADOPCIÓN DESDE LA CÁRCEL… TREINTA AÑOS DESPUÉS, VOLVIÓ PARA SALVARME LA VIDA.

No era una víctima.

Cometí errores.

Graves.

Creí que siempre habría tiempo para arreglar mi vida.

Hasta que vi a esa pequeña dormir sobre mi pecho y entendí que ella no tenía por qué pagar por mis decisiones.

Tres días después del parto, una trabajadora social entró a mi habitación.

Traía una carpeta enorme entre los brazos.

Se sentó frente a mí y habló con una delicadeza que nunca olvidaré.

—¿Estás segura?

La miré.

Tenía a mi hija dormida entre los brazos.

Sentí que el corazón se me rompía.

—No…