no estoy segura de nada.
Respiré hondo.
—Pero sí estoy segura de que conmigo no va a tener la vida que merece.
Firmar aquellos papeles fue la decisión más difícil de toda mi existencia.
Besé su frente.
Le acomodé la manta.
Y escondí dentro de ella una pequeña medalla de plata con forma de luna.
Era el único recuerdo que podía dejarle.
Después le susurré:
—Perdóname, mi amor. Algún día ojalá entiendas que te dejo ir porque te amo demasiado.
Cuando la enfermera salió de la habitación con ella en