ENTREGUÉ A MI HIJA EN ADOPCIÓN DESDE LA CÁRCEL… TREINTA AÑOS DESPUÉS, VOLVIÓ PARA SALVARME LA VIDA.

no estoy segura de nada.

Respiré hondo.

—Pero sí estoy segura de que conmigo no va a tener la vida que merece.

Firmar aquellos papeles fue la decisión más difícil de toda mi existencia.

Besé su frente.

Le acomodé la manta.

Y escondí dentro de ella una pequeña medalla de plata con forma de luna.

Era el único recuerdo que podía dejarle.

Después le susurré:

—Perdóname, mi amor. Algún día ojalá entiendas que te dejo ir porque te amo demasiado.

Cuando la enfermera salió de la habitación con ella en