dos semanas antes del desmayo.
Teresa ya lo sabía.
Cuando regresó, encontró a Daniela esperándola.
—Usted sabía que mi hija tenía plomo en la sangre y no dijo nada.
Teresa se puso blanca.
—Intenté decírtelo.
—¡Dos semanas después!
—Daniela…
—¿Qué le daba?
—Hierro. Sólo hierro y vitamina D.
—Entonces dígame de dónde salió el plomo.
Teresa guardó silencio.
—¡Contésteme!
—No puedo.
En ese momento entró Mauricio.
Daniela le mostró la fotografía del análisis.
Él miró primero el teléfono y después a su madre.
—¿Hiciste estudios a Camila a nuestras espaldas?