segunda inspección.
Esta vez pidió muestras del tapete de la entrada, el zapatero, el piso, la mochila de Camila y la chamarra que utilizaba los sábados.
Los resultados fueron aterradores.
Había plomo.
Mucho.
La concentración más alta estaba cerca de la puerta, exactamente donde Mauricio se quitaba los zapatos.
Dos días después Daniela tuvo que llevar a Camila al laboratorio porque Sofía no podía cuidarla.
Al pasar frente al horno donde sus compañeros calentaban ciertas muestras, Camila se detuvo.
Aspiró el aire.
—Aquí huele como donde va papá.
Daniela sintió