que se le paralizaba la espalda.
—¿Dónde va papá?
La niña abrió mucho los ojos.
—Ay… era secreto.
—Camila, necesito que me cuentes.
—Papá dijo que cuando todo saliera bien seríamos ricos.
—¿Qué hacían?
Camila jugueteó con la manga.
—El tío Eduardo llevaba baterías viejas. Las rompían y sacaban unas placas grises. Luego las metían en un horno.
Daniela dejó de respirar.
—¿Y tú qué hacías?
—Papá me dejaba echar el metal derretido en moldes pequeños. Hacíamos plomadas para pescar.
—¿Tocaste ese metal?
—Sí. A veces los guantes de papá