Cuando mi hija confesó: “Yo tiraba las vitaminas de la abuela”, pensé que por fin entendía por qué había terminado en terapia intensiva. Aparté a mi suegra de casa y mandé analizar el frasco. El resultado decía que no tenía plomo. Entonces revisé la mochila, el tapete y una chamarra de los sábados… y descubrí un secreto que mi marido llevaba meses ocultándome.

Pintura.

Vajilla.

Polvo.

Tierra de la maceta.

El famoso jarabe.

Una semana después llegaron los resultados.

Todo estaba limpio.

El jarabe contenía exactamente lo indicado en la etiqueta.

Hierro.

Vitamina D.

Nada de plomo.

Daniela llamó a Teresa.

—El jarabe estaba limpio.

—Ya lo sabía.

—Entonces dígame de dónde salió.

Hubo un silencio.

—Encuéntralo tú.

—¿Está jugando conmigo?

—Si te lo digo, pensarás que quiero salvarme culpando a otra persona. Busca tú. Sabes hacerlo.

Antes de colgar, Teresa añadió:

—No lleves todavía a Camila a ese departamento.

Daniela ordenó una