me quedaban grandes y me los quitaba.
Daniela cerró los ojos.
—¿Dónde está ese lugar?
Camila respondió con una frase que cambiaría todo:
—En la bodega 47, mamá. Pero papá me hizo prometer que nunca te llevaría.
PARTE 3
Daniela esperó hasta que Camila se durmió para llorar.
No llamó a Mauricio.
Sabía perfectamente lo que pasaría si lo hacía: él negaría todo, alertaría a Eduardo y desaparecerían las pruebas.
Primero necesitaba hechos.
Revisó el historial de ubicaciones de la cuenta familiar que compartían.
Cada sábado durante meses aparecía el