Cuando mi hija confesó: “Yo tiraba las vitaminas de la abuela”, pensé que por fin entendía por qué había terminado en terapia intensiva. Aparté a mi suegra de casa y mandé analizar el frasco. El resultado decía que no tenía plomo. Entonces revisé la mochila, el tapete y una chamarra de los sábados… y descubrí un secreto que mi marido llevaba meses ocultándome.

mismo punto en las afueras de Tonalá, cerca de las vías del tren.

Una pequeña zona de bodegas y talleres.

La número 47.

Daniela fue a la mañana siguiente.

El encargado del lugar, don Ernesto, cambió de expresión cuando ella mencionó la bodega.

—¿Usted viene por los del horno?

—Mi hija terminó hospitalizada por intoxicación con plomo.

El hombre dejó de sonreír.

—Yo ya denuncié ese taller varias veces. Trabajan de noche. Sale humo y un olor horrible. Dicen que reciclan metal.

La llevó hasta la bodega.

Las puertas estaban