el horno.
Vio las placas de plomo.
Vio una lata llena de pequeñas plomadas.
En la tapa, Camila había escrito su nombre con un plumón.
Teresa llevó inmediatamente a la niña a hacerse el análisis.
—Cuando vi el resultado fui con Mauricio —continuó—. Le dije: “Cierras ese lugar hoy o yo misma llevo a Camila al hospital y le cuento todo a Daniela”.
Daniela recordó la discusión escuchada desde la cocina.
—¿Y por qué no lo hizo?
Teresa empezó a llorar.
—Porque mi hijo me pidió dos semanas.
Mauricio había