el frasco ofendida.
Daniela tenía un motivo que nunca había contado por completo.
Cuando era niña, su propia madre estaba convencida —o fingía estar convencida— de que Daniela siempre estaba enferma. Le daba pastillas, la dejaba faltar a la escuela y contaba a familiares y vecinos que tenía una hija delicadísima. Todo terminó cuando su abuela llegó sin avisar, tiró los medicamentos y se llevó a Daniela con ella.
Por eso, cuando Teresa apareció con aquel frasco, Daniela no vio a una abuela preocupada.
Vio otra vez su infancia.
Mauricio