casado conmigo?
—No he dicho conmigo.
Adrian soltó una carcajada.
—Puede contratar a alguien.
Sophia lo miró como si acabara de escuchar la idea más brillante del mundo.
Después se volvió hacia mí.
—Bueno… en realidad no es mala idea.
Su sonrisa era suave.
—Así no perderías el dinero.
No respondí.
Porque de repente entendí algo.
Ninguno de los dos me consideraba una persona.
Para Adrian yo era un mueble antiguo.
Valioso por costumbre.
Cómodo.
Familiar.
Algo que podía dejar en una esquina mientras estrenaba un juguete nuevo.
Y Sophia