los fines de semana que se pueda.
Laura sintió que la sangre le ardía.
—¿Después de cuatro años vienes a decirme cuándo puedo ver a mis hijos?
Entonces la mujer que acompañaba a Ricardo habló por primera vez.
—También sería lo mejor para ellos. Ricardo y yo vamos a casarnos.
Laura la observó.
Y de pronto notó algo extraño.
La mujer llevaba una mano sobre el vientre.
Estaba embarazada.
Pero aquello todavía no explicaba por qué Ricardo tenía tanta prisa.
Hasta que Diego apareció detrás de Laura y preguntó:
—Papá, ¿