Trabajaba hasta doce horas al día y todavía aceptaba un segundo empleo porque temía volver a ser pobre con dos niños pequeños. La noche que mis gemelos de 9 años me recibieron con pasta quemada y dijeron “Hoy cuidamos nosotros de ti”, algo dentro de mí se rompió. Pero mi llanto cambió por completo cuando entendí por qué habían limpiado la casa con tanta desesperación…

ya le dijiste a mamá lo que dijiste ayer sobre el dinero?

El rostro de Ricardo cambió.

—Diego, ve a tu cuarto.

—¿Qué dinero? —preguntó Laura.

Nadie respondió.

Diego miró a su madre.

—Papá dijo que si vivimos con él ya no tendría que mandarte pensión… y que tú tendrías que mandársela a él.

Ricardo se puso pálido.

Laura dejó de temblar.

Por primera vez desde que todo aquello empezó, sonrió.

Porque acababa de entender que la custodia nunca había sido por amor.

Y aún faltaba descubrir cuánto dinero llevaba