sus vidas durante años.
Después tomó fotografías del edificio.
De la escalera.
Del refrigerador.
Incluso de las notas que Laura dejaba en la mesa.
—Dijo que eso demostraba que estamos solos —explicó Diego.
A Laura se le revolvió el estómago.
Aquellas notas eran su manera de seguir siendo madre aun cuando estaba trabajando.
Ricardo pretendía convertirlas en pruebas contra ella.
—También preguntó a qué hora llegas —añadió Sofía—. Y quién nos cuida.
Laura cerró los ojos.
Doña Carmen, la vecina del segundo piso, recibía a los niños algunos días. Otros,