su hermana Mariana pasaba por ellos. Diego y Sofía jamás estaban completamente abandonados.
Pero Ricardo había encontrado la manera perfecta de deformar la realidad.
Madre ausente.
Niños solos.
Departamento pequeño.
Padre con dinero.
—Mamá —dijo Sofía—, por eso limpiamos hoy.
Laura frunció el ceño.
—¿Por Ricardo?
Los niños se miraron.
—Cuando se fue, dijo que mañana vendría con alguien para ver cómo vivimos —explicó Diego—. Entonces pensamos que si estaba todo limpio no podría decir que eres mala mamá.
Laura sintió que algo dentro de ella se rompía.
Sus hijos