de nueve años habían pasado la tarde limpiando no sólo para recibirla.
Lo habían hecho porque tenían miedo de que alguien los separara de ella.
Se arrodilló frente a ellos.
—Escúchenme. Nada de esto es culpa de ustedes. Ustedes no tienen que demostrarle nada a nadie.
Sofía empezó a llorar.
—Pero tú trabajas tanto por nosotros.
Diego apretó los puños.
—Él no sabe nada. No sabe que cuando tuve fiebre faltaste al trabajo. No sabe que vendiste tu cadena para comprarme los lentes. No sabe que Sofía necesitaba zapatos y