tú seguiste usando los tuyos rotos.
Laura ya no pudo contenerse.
Abrazó a ambos.
Durante unos minutos, los tres lloraron en el piso de la cocina.
Después cenaron aquella pasta demasiado cocida y la ensalada exageradamente salada.
Pero Laura casi no probó bocado.
A medianoche llamó a Mariana.
Su hermana llegó media hora después.
Leyó el documento y soltó una palabra que Laura no repetía delante de sus hijos.
—Esto no es normal —dijo Mariana—. Ricardo no aparece en cuatro años y de repente quiere la custodia. ¿Por qué?
La