Trabajaba hasta doce horas al día y todavía aceptaba un segundo empleo porque temía volver a ser pobre con dos niños pequeños. La noche que mis gemelos de 9 años me recibieron con pasta quemada y dijeron “Hoy cuidamos nosotros de ti”, algo dentro de mí se rompió. Pero mi llanto cambió por completo cuando entendí por qué habían limpiado la casa con tanta desesperación…

conmigo.

—No.

—No depende sólo de ti.

El hombre del portafolio intervino.

—Señora Hernández, podemos evitar un proceso desagradable si llegamos a un acuerdo.

Laura lo miró.

—¿Qué acuerdo?

Ricardo sacó varios papeles.

—Tú firmas la custodia. Ellos vivirán conmigo. Podrás verlos los fines de semana que se pueda.

Laura sintió que la sangre le ardía.

—¿Después de cuatro años vienes a decirme cuándo puedo ver a mis hijos?

Entonces la mujer que acompañaba a Ricardo habló por primera vez.

—También sería lo mejor para ellos. Ricardo y yo vamos