conmigo.
—No.
—No depende sólo de ti.
El hombre del portafolio intervino.
—Señora Hernández, podemos evitar un proceso desagradable si llegamos a un acuerdo.
Laura lo miró.
—¿Qué acuerdo?
Ricardo sacó varios papeles.
—Tú firmas la custodia. Ellos vivirán conmigo. Podrás verlos los fines de semana que se pueda.
Laura sintió que la sangre le ardía.
—¿Después de cuatro años vienes a decirme cuándo puedo ver a mis hijos?
Entonces la mujer que acompañaba a Ricardo habló por primera vez.
—También sería lo mejor para ellos. Ricardo y yo vamos