a casarnos.
Laura la observó.
Y de pronto notó algo extraño.
La mujer llevaba una mano sobre el vientre.
Estaba embarazada.
Pero aquello todavía no explicaba por qué Ricardo tenía tanta prisa.
Hasta que Diego apareció detrás de Laura y preguntó:
—Papá, ¿ya le dijiste a mamá lo que dijiste ayer sobre el dinero?
El rostro de Ricardo cambió.
—Diego, ve a tu cuarto.
—¿Qué dinero? —preguntó Laura.
Nadie respondió.
Diego miró a su madre.
—Papá dijo que si vivimos con él ya no tendría que mandarte pensión… y que