tú tendrías que mandársela a él.
Ricardo se puso pálido.
Laura dejó de temblar.
Por primera vez desde que todo aquello empezó, sonrió.
Porque acababa de entender que la custodia nunca había sido por amor.
Y aún faltaba descubrir cuánto dinero llevaba años ocultándoles.
PARTE 3
El silencio en el pasillo fue tan completo que Laura escuchó el zumbido de la lámpara sobre sus cabezas.
Ricardo miró a Diego con furia.
—No sabes de qué estás hablando.
—Sí sé —respondió el niño—. Me lo dijiste tú.
Laura dio un paso