retrasar el pago del gas y qué recibo debía pagar primero para que no les cortaran un servicio.
Pero algo había cambiado la noche anterior.
Había visto a sus hijos intentando protegerla.
Ahora le tocaba a ella protegerlos.
—Eso lo veremos —respondió.
Cerró la puerta.
Ricardo golpeó dos veces.
—¡No hagas esto más difícil!
Laura no contestó.
Mariana había escuchado todo desde la cocina.
—Conozco a alguien —dijo.
Una amiga suya, Verónica, trabajaba como auxiliar en un despacho jurídico que atendía asuntos familiares. Esa misma tarde consiguieron una cita con