trabajaba demasiado.
Según él, eso demostraba que era incapaz de ejercer correctamente la maternidad.
Cuando Laura escuchó aquel argumento frente a la mediadora, sintió una mezcla extraña de rabia y tristeza.
Ricardo estaba sentado al otro lado de la mesa, impecable, junto a su abogado.
Fernanda no había entrado.
—Mis hijos pasan muchas horas sin su madre —dijo Ricardo—. Yo puedo ofrecerles estabilidad.
Patricia no tardó en responder.
—¿Cuántas veces visitó usted a sus hijos durante los últimos cuatro años?
Ricardo se removió en la silla.
—Mi trabajo era complicado.