si hubiera anunciado un viaje a Disneylandia.
Ese día no hicieron nada extraordinario.
Fueron al tianguis.
Compraron fruta.
Comieron tacos.
Caminaron por un parque.
En la tarde vieron una película en el sillón con una cobija vieja.
Para otras familias habría sido un domingo cualquiera.
Para ellos fue un lujo.
Meses después, Ricardo empezó a ver a los niños algunas tardes.
Al principio Diego hablaba poco.
Sofía se mantenía distante.
Laura jamás les pidió que lo odiaran.
Tampoco les pidió que lo perdonaran.
—El cariño no se ordena —les decía—.