guardó en la misma carpeta donde alguna vez había puesto la demanda de Ricardo.
Sólo que ahora aquella carpeta ya no representaba miedo.
Representaba todo lo que habían sobrevivido.
Apagó la luz.
Desde la habitación de los niños escuchó a Diego reclamar:
—¡Sofía, deja de quitarme la cobija!
—¡Tú te quedaste con toda!
Laura sonrió en la oscuridad.
Cuatro años antes, cuando Ricardo cerró la puerta y los dejó solos, ella creyó que su familia se había roto.
Tardó mucho tiempo en comprender que no.
Su familia seguía ahí.
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