admitía.
Y ella no era únicamente su amante.
Era una subordinada que había recibido mejores evaluaciones, horarios especiales y oportunidades profesionales mientras dormía con su jefe.
Abrí mi computadora.
Busqué el correo del área de Recursos Humanos de su empresa.
Escribí todo.
Fechas.
Hechos.
Nombres.
Testigos.
Y mantuve el cursor encima del botón “Enviar”.
Porque sabía que, en cuanto lo presionara, Alejandro podía perder mucho más que su matrimonio.
PARTE 3
Presioné “Enviar”.
Después cerré la computadora y corrí al baño porque sentí que iba a vomitar.
Durante varios días