ninguno de ellos.
Lo intenté.
Pero una tarde una amiga me llamó.
—Alejandro está diciendo que tú lo obligaste prácticamente a buscar cariño afuera.
Sentí tanta rabia que lo desbloqueé.
“Deja de mentir sobre mí”, escribí.
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Añadí varias frases de las que me arrepentí inmediatamente.
Respondió en menos de un minuto:
“Gracias por demostrar mi punto. Sigues fuera de control.”
Me quedé mirando la pantalla.
Había caído exactamente donde él quería.
Volví a bloquearlo.
Aquella noche lloré dentro de mi coche, estacionada frente a un