a verlo.
Y cuando ocurrió, descubrí que no necesitaba decirle absolutamente nada.
Unos meses después conocí a Rafael en una reunión pequeña.
No hubo amor a primera vista.
Ni música imaginaria.
Simplemente terminamos hablando varias veces durante la noche.
Me preguntó sobre mi trabajo.
Sobre los libros que me gustaban.
Sobre lugares que quería conocer.
Y en ningún momento intentó corregirme.
Parece absurdo que eso me impresionara.
Pero lo hizo.
Empezamos a vernos.
Lentamente.
La primera vez que me preguntó:
—¿Te parece bien si hacemos esto?
casi me reí.
Yo