que Mercedes había cuidado.
Doña Lupita, la vecina, les explicó que Mercedes rentaba las habitaciones durante vacaciones.
—No vendas, muchacha. Aquí tienes un ingreso para toda la vida.
Daniela todavía estaba procesando aquella posibilidad cuando, de regreso en Guadalajara, ocurrió algo que pareció sacado de una película.
Chocó accidentalmente con un hombre afuera de una cafetería y le derramó café sobre la camisa.
—Perdón, de verdad, yo la pago —dijo Daniela.
El desconocido sonrió.
—Mejor págamela aceptando un café conmigo otro día. Soy Rodrigo.
Era atractivo, atento y tenía una