Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

que Mercedes había cuidado.

Doña Lupita, la vecina, les explicó que Mercedes rentaba las habitaciones durante vacaciones.

—No vendas, muchacha. Aquí tienes un ingreso para toda la vida.

Daniela todavía estaba procesando aquella posibilidad cuando, de regreso en Guadalajara, ocurrió algo que pareció sacado de una película.

Chocó accidentalmente con un hombre afuera de una cafetería y le derramó café sobre la camisa.

—Perdón, de verdad, yo la pago —dijo Daniela.

El desconocido sonrió.

—Mejor págamela aceptando un café conmigo otro día. Soy Rodrigo.

Era atractivo, atento y tenía una