ajena. También explicaba que su padre había terminado en prisión buscando dinero fácil, pero que nunca dejó de preguntar por ella.
“Perdóname por haber elegido mi comodidad cuando tú necesitabas una familia. La casa no puede reparar el pasado, pero quiero que al menos te dé un futuro”.
Daniela lloró en silencio.
Tres semanas después viajó con Camila a Yucatán.
La propiedad estaba a pocas calles del malecón de Progreso. Tenía cuatro habitaciones independientes con baño, una pequeña terraza, árboles de limón y un patio donde todavía quedaban las bugambilias