varios amigos a cenar mariscos en Polanco. Quería demostrar que nada había cambiado. Pidió sin mirar precios y, al final, lanzó su tarjeta negra sobre la charola con una sonrisa.
El mesero regresó.
—Señor, la tarjeta aparece cancelada.
Sus amigos dejaron de reír.
Mauricio llamó al banco y escuchó la respuesta que más temía: la titular había dado de baja la tarjeta adicional.
A la mañana siguiente, Beatriz descubrió que tampoco había recibido sus treinta mil pesos.
Y antes de que pudiera terminar de maldecir a Daniela, alguien tocó con