fuerza la puerta.
No era ella.
Eran dos agentes que traían una notificación de la Fiscalía y una orden de protección que les prohibía acercarse o comunicarse con Daniela.
Pero Beatriz sonrió con desprecio.
—¿Una orden? Ya veremos si esa familia de ricos se atreve a decirme eso en la cara.
Y convenció a Mauricio de cometer el error que terminaría de hundirlos.
PARTE 3
A las once de la mañana, un taxi se detuvo frente a la casa de los padres de Daniela.
De él bajaron Beatriz, Mauricio y