Le di a mi suegra 30.000 pesos mensuales durante casi cinco años, pero el primer mes que cerré la cartera terminó golpeándome hasta hacerme sangrar. “Si no obedeces, vete de esta casa”, dijo mi marido. Me levanté sin discutir, dejé unos papeles sobre la mesa y me fui. Cuando ambos vieron el encabezado del documento, dejaron de sonreír.

fuerza la puerta.

No era ella.

Eran dos agentes que traían una notificación de la Fiscalía y una orden de protección que les prohibía acercarse o comunicarse con Daniela.

Pero Beatriz sonrió con desprecio.

—¿Una orden? Ya veremos si esa familia de ricos se atreve a decirme eso en la cara.

Y convenció a Mauricio de cometer el error que terminaría de hundirlos.

PARTE 3

A las once de la mañana, un taxi se detuvo frente a la casa de los padres de Daniela.

De él bajaron Beatriz, Mauricio y