Le di a mi suegra 30.000 pesos mensuales durante casi cinco años, pero el primer mes que cerré la cartera terminó golpeándome hasta hacerme sangrar. “Si no obedeces, vete de esta casa”, dijo mi marido. Me levanté sin discutir, dejé unos papeles sobre la mesa y me fui. Cuando ambos vieron el encabezado del documento, dejaron de sonreír.

cruzados. La abogada, Verónica, revisaba en su teléfono la copia de la orden de protección.

—Está acercándose voluntariamente —dijo—. Y está intentando contactarte. No salgas.

Rafael llamó a la policía y explicó que una persona sujeta a medidas de protección estaba frente a la casa de la víctima.

Beatriz siguió gritando.

—¡Treinta mil pesos no son nada para ti! ¡Dámelos y se acaba este circo!

Aquella frase quedó grabada por las cámaras exteriores.

Daniela miró la pantalla sin sentir la furia descontrolada que había imaginado. Sentía algo más profundo: decepción.