cruzados. La abogada, Verónica, revisaba en su teléfono la copia de la orden de protección.
—Está acercándose voluntariamente —dijo—. Y está intentando contactarte. No salgas.
Rafael llamó a la policía y explicó que una persona sujeta a medidas de protección estaba frente a la casa de la víctima.
Beatriz siguió gritando.
—¡Treinta mil pesos no son nada para ti! ¡Dámelos y se acaba este circo!
Aquella frase quedó grabada por las cámaras exteriores.
Daniela miró la pantalla sin sentir la furia descontrolada que había imaginado. Sentía algo más profundo: decepción.