controlar el miedo. Hubo noches en que despertaba recordando el sonido de la puerta al abrirse y los pasos de Mauricio entrando a la sala. Empezó terapia. Cambió contraseñas. Reorganizó sus cuentas. Dejó de disculparse por tomar precauciones.
También dejó de repetir la frase que la había mantenido atrapada tanto tiempo:
“Por la familia.”
Porque entendió que una familia que exige silencio para proteger al agresor no está protegiendo a la familia. Está protegiendo al abuso.
Dos meses después llegó la primera audiencia importante.
Mauricio apareció acompañado por un defensor.