Le di a mi suegra 30.000 pesos mensuales durante casi cinco años, pero el primer mes que cerré la cartera terminó golpeándome hasta hacerme sangrar. “Si no obedeces, vete de esta casa”, dijo mi marido. Me levanté sin discutir, dejé unos papeles sobre la mesa y me fui. Cuando ambos vieron el encabezado del documento, dejaron de sonreír.

Ya no llevaba el traje caro que Daniela le había comprado ni el reloj que presumía en las reuniones. Se veía cansado, más delgado y mucho menos seguro.

Beatriz estaba detrás de él.

Cuando vio entrar a Daniela con un traje blanco, caminando junto a Verónica y sus padres, frunció los labios.

—Mira nada más —murmuró—. Como si fuera una santa.

Daniela la escuchó, pero siguió caminando.

En la sala se reprodujo el video.

No hubo interpretaciones.

Beatriz exigía dinero.

Beatriz golpeaba primero.

Daniela trataba de apartarla.

Mauricio entraba sin