de película ni en una condena instantánea. Tardó meses.
Y eso, para Daniela, fue importante.
Porque durante esos meses aprendió que la justicia real no siempre llega con una puerta derribada y esposas frente a las cámaras. A veces llega en expedientes, citas, peritajes, audiencias, noches de insomnio y la decisión agotadora de no retirar una denuncia aunque toda una familia te llame cruel.
El divorcio avanzó por separado.
Mauricio intentó convencerla de “hablar como adultos”.
Le escribió desde números distintos.
“Solo quiero arreglar las cosas.”
“Mi mamá está enferma