Le di a mi suegra 30.000 pesos mensuales durante casi cinco años, pero el primer mes que cerré la cartera terminó golpeándome hasta hacerme sangrar. “Si no obedeces, vete de esta casa”, dijo mi marido. Me levanté sin discutir, dejé unos papeles sobre la mesa y me fui. Cuando ambos vieron el encabezado del documento, dejaron de sonreír.

tu madre, deposítame aunque sea diez mil al mes.”

Daniela leyó la carta dos veces.

Después la guardó en el expediente.

—Ni siquiera ahora entiende —dijo.

Verónica levantó una ceja.

—¿Vas a responder?

—No.

Y no respondió.

Esa tarde, por primera vez en años, Daniela se compró algo sin sentir culpa: un boleto de avión para llevar a sus padres a Oaxaca durante un fin de semana largo. No era un viaje de lujo ni una demostración. Solo quería sentarse con ellos en una terraza, comer mole negro, caminar sin