esto empezó porque tú dejaste de cumplir con tus obligaciones.
Daniela guardó silencio unos segundos.
—Yo nunca tuve la obligación de mantenerla.
—Pues ella dice que sí.
—Entonces que te explique por qué.
Daniela colgó.
No sintió placer.
Eso fue lo que más la sorprendió.
Durante semanas había fantaseado con el día en que Beatriz perdería lujos, amigos y control. Pero cuando ocurrió, no sintió triunfo. Sintió distancia.
Ya no quería destruir a nadie.
Quería que dejaran de destruirla a ella.
Casi un año después, Daniela estaba sentada en la